Mujeres combativas, el otro frente contra la represión

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas;  7 de junio de 2016.- ¿Quién te enseñó a leer, fue un diputado?, deberían tenerles respeto a los maestros, revira una colona.

El tumulto de policías federales lanza insultos; se oyen voces con acento norteño en las primeras filas.

-Aprende a hablar comechangos, vete de aquí chichona

Al fondo, risas.

Susi, quien lleva un varilla en la mano, le exige a los agentes que se retiren pero uno de ellos amaga con golpearla y ella esgrime contra el escudo de un policía, éste alza el tolete y se lanza contra la dama  para asustarla, pero sólo golpea el suelo.

Los demás ríen a carcajadas y elogian a su compañero pero Susi se mantiene estoica a menos de un metro de los federales.

-¡Ya pégale!, se escucha a lo lejos.

Aún así, Susi no retrocede y dos mujeres más llegan a apoyarla. Exigen lo mismo, que los federales se retiren de la colonia Plan de Ayala y de Chiapas pues sus ataques con piedra y gas también afectaron a niños de una guardería, a varios ancianos y familias enteras.

Los agentes federales reiteran el mismo grito con escarnio.

-Váyanse a comer changos.

LA AGRESIÓN

El objetivo de la CNTE es bloquear la salida poniente de Tuxtla Gutiérrez, conocida como “La Pochota”, tal como lo habían planeado un día antes en la mesa centralizadora, pero los federales frustran sus planes y se les adelantan. Es algo imprevisto para el magisterio pues esperaban que llegaran después y no antes, así que improvisan cómo aguantar el ataque de los uniformados que avanzan como marabunta bajo la protección de una tanqueta que lanza gases lacrimógenos a diestra y siniestra.

La embestida policiaca llena de gases las calles, escuelas, casas, tiendas y hospitales cercanos; y más que la entrada de la ciudad capital parece una zona de guerra. Piedras y cohetones por un lado, bombas de gas, balas de goma y tanquetas por el otro.

El avance deliberado de la policía logra que los maestros se refugien en la colonia Plan de Ayala, donde el grupo antimotines continúa los ataques sin importarles que están en una zona habitada.

Cohetones y bombas de gas cruzan  el cielo y el estruendo de las tanquetas es de tal intensidad que las alarmas de los automóviles se activan casi al unísono. Es un caos y la policía avanza con vehemencia. Algunos maestros se refugian donde pueden y otros combaten, como pueden, al equipo antimotines.

Ante la violencia de los federales, los vecinos se arman de valor y respaldan a los maestros pero también son atacados; niños, ancianos y mujeres son presa de los gases que cubren casi por completo la calle donde se suscita el enfrentamiento.

Por unos minutos, los ataquen cesan y Susi, armada de valor, toma una varilla con la que le hace frente a los uniformados a medio metro de distancia. Intercambian palabras y los policías se mofan. A ella se unen dos mujeres más que exigen a los policías las dejen en paz y se retiren de la colonia. Más risas e insultos son las respuesta.

Ante la situación, se suman dos maestras de la guardería, quienes de manera pacífica le piden a los federales que se retiren, que los gases han afectado a niños, quienes son presa de pánico. El comandante accede y ordena a sus elementos que rompan filas.

Después de dos horas, la situación se tranquiliza pero es una paz momentánea pues en pocos minutos está por desatarse otra muestra de violencia.

ATACAN A NORMALISTAS

-¡Échense coca en la cara!, grita un estudiante mientras los demás corren a trompicones de un lado a otro, cubriéndose el rostro dentro de la Escuela Normal Rural Mactumatza.

-¡Pinches culeros, nos agreden en nuestra propia casa!, vocifera Martín, quien improvisó un pasamontañas con las mangas de su suéter café oscuro para evitar que el gas le dañaran los ojos y la cara.

Afuera, los policías federales y estatales continúan la embestida pero esta vez a un grupo de normalistas que “boteaban” a metros de la Mactumatza para recaudar fondos en apoyo a uno de sus compañeros que fue hospitalizado debido a que una bomba de gas le abrió la cabeza y requiere cirugía.

Las maniobras para replegarlos se convirtió en un ataque contra los estudiantes, a quienes no les quedó más que huir, unos a la Normal y los demás a donde pudieran, les importaba más su “pellejo” que combatir pues eran minoría, diría después Martín en entrevista.

Los vecinos de la colonia Plan de Ayala escuchan de nuevo el estruendo de las tanquetas y corren a defender a los estudiantes, hacen lo mismo un grupo de la CNTE y con los ciudadanos montan una valla humana en la entrada de la Normal para impedir el paso a los policías.

-¡No están solos, no vamos a permitir que los toquen!, gritan las mujeres del grupo, quienes encabezan la barrera ciudadana.

Sólo así, el grupo de uniformados se retira y poco a poco la calle, convertida en trinchera, queda libre de policías. 

Los ciudadanos y ciudadanas reiteran su apoyo y uno de ellas agrega, enérgica:

“No vamos a permitir que vuelvan, los queremos fuera de Chiapas y si el gobierno no nos entiende vamos a hacer lo mismo que los ciudadanos de Chiapa de Corzo, iremos a buscarlos en los hoteles donde están hospedados y los obligaremos a que se vayan ¡Ya estamos hartos!”. (Cortesía Oswaldo Rodríguez/Vórtice MX)

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