Panes & Peces

¡Que ya yo!

Recuerdo la última vez que fui a ejercer mi derecho a votar (que no a elegir). Era el año de 1994. Tres años atrás era poseedor de mi flamante credencial de elector, la cual mostraba el rostro desvelado de un chavo de 18 años, luego de una borrachera marca preparatoria, aquellos años maravillosos donde una caguama valía dos mil pesos… sí, lee usted bien: $2,000.00 pesos. El pasaje trescientos cincuenta pesos y las revistas que se leen con una sola mano, quince mil pesos.

Recuerdo esto por la ensarta de lamentos que brotan desde las profundidades del feisbuc, el tuiter y el guasap. Conocidos y desconocidos culpan a los que no fuimos a votar el pasado domingo 07. Nos culpan de ser los causantes del triunfo del partido verde, también de la derrota del resto de los partidos, y si me apuran, terminarán culpándonos de los votos robados y de la quema de casillas. Y ya encarrilados, de la derrota de la Selección Nacional, de las marchas del magisterio, de los bloqueos carreteros y de la toma de casetas, gasolineras y lo que se acumule.

En una entrada anterior hablé de los derechos y obligaciones de la ciudadanía, y hasta donde recuerdo, votar es un derecho. Si fuera una obligación las situaciones serían distintas, aunque no sé si mejores o peores. “Si no vota no se queje”, sentencian los ilusos que creen que por haber hecho campaña y haber subido su foto a las redes sociales con el dedo marcado, ya habían ganado sus respectivas candidaturas, pero no quieren aceptar que desde un principio, éste juego de ajedrez llamado “Elecciones 2015” tiene más combinaciones que los números del Melate.

El sistema, lejos de la corrupción, funciona. De hecho cualquier sistema funciona porque sigue una serie de pasos probados, algoritmos universales que validan una serie de procedimientos. Sin embargo, el hecho de que funcionen no quiere decir que sean justos. Funcionan y ya, de acuerdo a lo programado. Alguno de ustedes lo ha comprobado cuando va a las modernas gasolineras, con su bote de cinco litros, y al recibir el producto les falta casi medio litro. ¿Qué dice el que le agarra la manguera al prodigioso aparato (se lee gacho pero así es)? “Eso es lo que marca la máquina”. Sí, una máquina electrónica programada a modo. Usted, en el mejor de los casos, grita y manotea, hasta que llega el gerente y le completa el medio litro para que deje de estar chingando, pero, ¿y el resto de los consumidores? Bien, gracias pagando litros que no lo son. Se quejan pero siguen comprando “porque lo necesitan”.

El domingo hubo lo que desde hace muchos años ha venido imperando (y es ya una tradición mexicana): Corrupción. ¿De quién? De muchos ciudadanos responsables de casillas, representantes de los partidos políticos, marrulleros destruye urnas, suplantadores de identidad y de boletas, especuladores, programadores mercenarios, periodistas mamacallos, líderes descarados, abstemios, marginales, los sin patria, los de la Sonora Santanera… todos.

Hoy más que nunca existen las evidencias de las irregularidades sucedidas en varias partes de la república mexicana antes, durante y después de las elecciones, pero no habrá mayor problema porque los involucrados se deslindarán de los hechos, porque eso fue pero no existió, sucedió pero no fue cierto, y si existió y fue cierto, fue culpa de los anarquistas (o de los que no votaron). Explicado el asunto, pasarán a ocupar sus flamantes cargos y a cobrar sus jugosos sueldos.

¿La culpa es de los que no fuimos a votar, por lo cual quedamos sin derecho a quejarnos? Debería aplicar también para quienes votaron pero se quejan de lo cara que está la vida, de la delincuencia, la inseguridad, la desigualdad, la impunidad, la inmoralidad, y demás linduras. Si llego a escuchar a uno de mis afectos quejarse por algo relacionado con el gobierno, no tendré más opción que callarle, porque al menos un representante del partido al que le dieron el voto ocupa un lugar en el espacio de gobierno, y cobra. ¿Qué fueron a votar pero anularon las boletas? Bueno, en realidad no es distinto a no ir, de cualquier manera el sistema tenía calculadas las jugadas, y ha cedido espacios en el tablero pero no la partida, esa la tiene ganada desde el movimiento 16.

Si ganan los votos nulos no hay candidato para ese triunfo. Es más, existe un área de oportunidad en esa situación: ser candidato del Partido de Votos Nulos, el triunfo es seguro. (Antonio López)

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