Panes & Peces

Derechos e Izquierdos

No cabe duda de que no hay ideas puras en la actualidad, que no contengan influencias de algo o de alguien que con anterioridad haya pensado y construido para un propósito determinado. Hay ocasiones en las que una idea en particular se le ocurre a determinada civilización que resulta similar a otra idea ejecutada en otra parte del mundo. Las ideas y las innovaciones fueron cada vez más hasta que se hizo necesaria una ley sobre las patentes (1449) para esas nuevas ideas, y posteriormente una ley sobre los derechos de autoría (1710). Esta última para los derechos y monopolios sobre la impresión de libros.

En unas horas se celebrará el Día Mundial del Libro. Sucederá en las capitales donde el grueso de la población puede distraerse en estas celebraciones, y puede que se logre incrementar la cuota de lectores, lo que incrementará las estadísticas de libros leídos en México.

Entrados en materia editorial, ¿sabe usted cuál es el libro más antiguo del mundo? Hace mil ciento cuarenta y siete años se editó y distribuyó “El Sutra del Diamante”, en China. No fue Gutemberg y la Biblia, como podría suponerse. “El Sutra del Diamante” fue traducido del sanscrito (lenguaje sagrado de la India) al chino, Trata sobre enseñanzas de Buda y es un texto que se “canta” en monasterios budistas.

¿Y qué pintan las patentes si estoy hablando de libros? Bien, gracias a los libros se puede aprender sobre muchos temas. Por decir algo, de las patentes. Thomas Alva Edison patentó mil noventa y cinco inventos. Una cantidad exagerada si se divide la cantidad de inventos por la cantidad de años que el buen Thomas vivió, hasta su muerte, a los ochenta y cuatro años de edad. Resulta que debió patentar algo más de trece inventos por año para alcanzar la cifra total de patentes. Y aunque se sabe que Edison fue un genio, es imposible producir tal cantidad. Sin embargo, hay quienes afirman que Edison, en su vida adulta, realizó un invento cada quince días (24 inventos al año).

El secreto de la friolera de patentes se debe a que tenía un taller donde empleaba a destacados hombres igual de curiosos e inventivos que él, a quienes financiaba ideas que luego de su aprobación, eran inmediatamente patentadas a su nombre, por ser generadas en sus instalaciones. Las oficinas de patentes no eran tan quisquillosas como lo son hoy en día, cuando de registrar una obra intelectual se trata.

Uno de esos empleados fue Nicola Tesla, quien luego de trabajar para Edison y ver que sus finanzas no mejoraban, decidió trabajar por su cuenta, patentando alrededor de ciento doce inventos (inventó muchas más cosas, pero por ser parte del taller de Edison, tuvo que ceder las patentes al mago de Menlo Park).

Tesla y Edison protagonizaron una batalla de patentes e inventos dignos de una película. La ciencia combatida con ciencia y debatida en la práctica, de la cual se desprende la Corriente Alterna (AC) y la Corriente Continua (DC). La batalla la ganó Edison (luego de sacrificar a la elefante Topsy, filmando él mismo la ejecución con su cinematógrafo https://www.youtube.com/watch?v=d0CdpeWk-Bo) consiguiendo que las autoridades optaran por el uso de la energía eléctrica a través de cables, y no a través de la ionización del aire con la Torre de Tesla, quien sostenía que la energía era de todos, y que debía ser de uso libre. Thomas, un empresario empedernido, decidió que no, que esa energía bien podía venderse controlando su distribución, naciendo así el “recibo de la luz”.

Tal fue el descrédito hacia Tesla que cuando se propuso inventar un aparato para comunicarse con otros seres fuera de la Tierra, lo abuchearon; y cuando Edison se propuso inventar un aparato para comunicarse con los muertos, lo aplaudieron. Esto dio constancia de que la ciencia tendría una batalla muy dura contra las supercherías, lo sobrenatural, la magia y la suerte. Y esa batalla ha llegado hasta el día de hoy, y aunque pareciera una batalla perdida no es así, aún quedan esperanzas para la ciencia. (Antonio López)

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